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Opinión

La realpolitik desde Washington DC hacia El Salvador

El martes 5 de enero acudimos a la última cita electoral en EEUU: la segunda vuelta por los dos escaños para el Senado en Georgia. El 3 de noviembre, el electorado optó por una mayoría estrecha para los demócratas en la Cámara de Representantes junto a la mayoría en los Colegios Electorales, Estado por Estado, a favor de la fórmula Joe Biden-Kamala Harris.

Hoy, EEUU es un libro abierto para nuevos hitos: el senador No. 49 para los demócratas es el religioso Raphael Warnock quien se convierte en el primer afroamericano en representar a Georgia en el Senado. La tierra del esclavismo, el escenario de “Lo que el viento se llevó”, empuja   un afroamericano hasta la Cámara Alta. Warnock se ha definido a sí mismo como un discípulo político de Martin Luther King y lo ha demostrado en su trayectoria de defensa de los derechos civiles desde el púlpito bautista Ebenezer y el centro de estudios Morehouse College en Atlanta.

El otro pulso lo protagoniza un judíoamericano, Jon Ossoff, un joven y laureado periodista quien lidera el conteo y se perfila como el Senador demócrata No. 50, hito que equilibrará el Senado justo para que el voto calificado de la vicepresidenta Harris haga la diferencia cuando las decisiones senatoriales así lo ameriten.

Nunca me ha simpatizado la realpolitik del “bus lleno”. La viví como emigrante en el México de los 80s bajo el todopoderoso PRI y fui testigo de que la grieta de la hegemonía provino del interior cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo proponen la ruptura democrática desde el PRI hacia todo México, mientras el actual presidente populista, siendo joven, miró hacia otro lado y permaneció dentro del PRI hasta cuándo le convino. Ciertamente, López Obrador pasó de largo la histórica reforma y renovación para colarse dentro de ella, exitosamente, más adelante.

El “bus lleno” demócrata en este primer tramo 2021-2023, hasta las próximas elecciones legislativas de noviembre de 2022, es una oportunidad dorada para Biden, Harris y el Partido Demócrata en su conjunto. Deben reivindicar todo lo que prometieron y no hicieron el bienio 2014-2015, primero, y, segundo, cumplir lo que ahora han prometido cumplir a partir de este mismo enero 2021.

Lo que nos concierne como salvadoreños

¿De nuestro interés? Uno, la Reforma Migratoria -con los parámetros que sean (fechas límites de ingreso al país, contingentes por nacionalidad y sectores por oficio y profesión, modos de acceso, etc.)- será siempre de beneficio y, como ya dije antes, será el regalo navideño que no tuvimos el pasado diciembre. De los 14 a 15 millones en situación “irregular”, más de 2 millones serían salvadoreños.

Dos, la ejecución inmediata y articulada del Plan Biden para Centroamérica en términos de inversiones público-privadas en la región en torno a los US$ 4 mil millones (para generar empleos dignos y que dichos empleos sean el freno real de la migración) en estrecho avance con el combate y la prevención de la corrupción. La lista de corruptos con sanciones directas a ellos y sus familias tanto de tipo político, como migratorio y financiero, será un segundo regalo navideño, pues apuntalará la vida constitucional e institucional vulneradas en El Salvador desde el 9 de febrero. Entre más larga sea esa “lista negra” de corruptos de ayer y hoy, y más amplio el abanico de sanciones, mayor será el beneficio real para nuestro atribulado país.

No queda más que cerrar la reflexión en la marcha con un concepto. Las sanciones internacionales son un elemento clave en la política internacional del Siglo XXI. Son medidas coercitivas, de fuerza, contra Estados, gobernantes, funcionarios públicos, entidades no estatales e individuos, considerados por la Ley como una amenaza a la Paz, la Seguridad y la Democracia; su objetivo es la rectificación de un comportamiento delictivo tal cual el caso de Nayib Bukele y sus ministros. Con Biden y el Partido Demócrata se nos abre así un capítulo esperanzador. Pero es la ciudadanía salvadoreña quien tiene la decisión soberana como sucederá el 28 de febrero: el rescate de la República con los votos.

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Opinión

Joe Biden ya es presidente. ¿Y ahora?

Ese es, justamente, el punto de encuentro: los principios y valores democráticos. El punto del cual se separó Trump y que sufrimos en El Salvador con la enfermiza relación entre el embajador Johnson y Nayib Bukele. Hoy, Trump y Johnson ya no son nadie.

Después de haber obtenido la presidencia el 2016, sin el voto popular, Donald Trump le agenció al Partido Republicano el control del Congreso. Los alicientes para esta victoria seguirán siendo analizados por politólogos e historiadores, así como su progresivo despilfarro político que de hecho arrancó hace 2 años para las elecciones de medio término en la que su partido perdió la Cámara de Representantes. La autodestrucción de Trump no fue de la noche a la mañana.

Con el COVID-19 como diferencial, con todas sus secuelas, Joe Biden derrotó a Trump y ha colocado al Partido Demócrata en la misma cima con el “bus lleno” como Trump. La víspera de su toma de posesión fue marcada por los terribles sucesos del 6 de enero. ¿Qué viene ahora para los estadounidenses, para el mundo, para Centroamérica y El Salvador?

Contención estratégica del COVID-19 y alivio y recuperación económica irán de la mano. Cada milímetro de avance por Biden será sentido en el resto del mundo. Y lo está pretendiendo lograr con 17 decretos ejecutivos tanto para el apoyo a los afectados por la pandemia como para revertir políticas equívocas de Trump sobre el medio ambiente y migración, apoyándose Biden con políticos, académicos, tecnócratas y científicos, de alta calificación. Esta es la Casa Blanca, desde ayer.

Pero su mayor impacto emana de su discurso inaugural. Inició Biden reconociendo a un país que venció peligros para hacer prevalecer la democracia: “…reconozco la capacidad de resistencia de nuestra Constitución y la fortaleza de nuestro país”. Como si hablara de Nayib Bukele, quien sigue taladrando la vida constitucional e institucional de El Salvador, mancillando nuestra historia y los Acuerdos de Paz, y hasta la memoria histórica de Centroamérica al inventarse mezquinamente la condecoración “Francisco Morazán” para entregársela al saliente embajador de Trump el 18 de enero, afirmó Biden: “la historia de EEUU no depende de uno de nosotros ni de algunos de nosotros, sino de todos nosotros”.

Pidió la unión entre los estadounidenses para enfrentar a “los enemigos” los cuales, en esencia, son los mismos que enfrentamos los salvadoreños pues son instigados por Nayib Bukele y sus adláteres: “la ira, el resentimiento, el odio, el extremismo, el desorden, la violencia”.

Biden recordó los grandes íconos -Lincoln, Martin Luther King, el Cementerio de Arlington (“donde descansan los héroes en la paz eterna”), entre otros- para enlazar con su vicepresidenta Kamala Harris y su hito como la primera mandataria tras más de dos siglos de vida republicana. “No me digan que las cosas no pueden cambiar”, remató Biden.

Y en su llamado al planeta dijo: “El mundo nos está mirando hoy. Este es mi mensaje para aquellos más allá de nuestras fronteras: EEUU ha sido puesto a prueba y ha salido de ello reforzado. Repararemos nuestras alianzas y nos relacionaremos con el mundo otra vez”.

Ese es, justamente, el punto de encuentro: los principios y valores democráticos. El punto del cual se separó Trump y que sufrimos en El Salvador con la enfermiza relación entre el embajador Johnson y Nayib Bukele. Johnson pasó por alto el 9 de febrero en la Asamblea Legislativa y la apetencia de Bukele por destruir el Estado de Derecho. Hoy, Trump y Johnson ya no son nadie. Trump será juzgado políticamente por el Senado y condenado por los delitos de “insurrección” contra las instituciones democráticas e inhabilitado para optar a cargos de elección popular. Johnson, por aparte, será examinado en los campos de la ética y el incumplimiento de deberes por el Departamento de Estado y por las comisiones del Congreso que lo ratificaron.

Mi partido Nuestro Tiempo y este servidor nos hemos puesto a la orden de la Administración Biden y su Plan para Centroamérica. Hemos ofrecido nuestra voluntad de diálogo y cooperación para coadyuvar legislativamente con las inversiones previstas en ese plan junto al combate y la prevención de la corrupción para generar empleos dignos en El Salvador. La publicación de su primera lista de corruptos y violadores de la democracia y el Estado de Derecho nos inyecta esperanza.

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Opinión

El gran desafío de la diáspora

El desafío es grande, pero no imposible de superar. Comencemos ya.

Exclusiva Digital

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en

Por Lic. Marvin Portillo, abogado, educador y comunicador. Candidato a diputado por San Salvador, por el PDC.

La ya indiscutible influencia económica y política que los hermanos de la diáspora salvadoreña tienen en los asuntos internos del país, plantea a los salvadoreños residentes en el exterior el desafío de unir fuerzas para, ya no influir, sino ser un factor decisivo en la conducción de los destinos de la nación.

Esta unidad comienza, por inercia, con la participación, desde la palestra ciudadana, de compatriotas que, en vista de la grave situación que enfrentamos, deciden salir de su anonimato para convertirse en protagonistas de la historia, ya sea opinando ¯sobre la situación interna del país, proponiendo soluciones a los grandes problemas nacionales o generando plataformas para el desarrollo de debates y de procesos de información y formación política.

Este primer paso ya se ha dado, y seguirá desarrollándose gracias a cada vez más compatriotas que se suman a la cívica tarea de hacer país desde fuera de nuestras fronteras.

Una segunda etapa de este proceso de unidad de la diáspora, también en pleno desarrollo, consiste en la conformación de comunidades o grupos organizados, lo cual también es ya una etapa bien consolidada, aunque en constate evolución. Se trata de grupos que trabajaban principalmente en beneficio de sus comunidades de origen y, por extensión, para asistir a sus compatriotas en El Salvador cuando la ocurrencia de una calamidad pública o natural así lo demanda.

Los hermanos de la diáspora nunca han cerrados sus ojos y oídos a las necesidades de sus hermanos en El Salvador.

La tercera instancia de la unificación de fuerzas de la diáspora, actualmente en pleno desarrollo, se verifica en el establecimiento de agrupaciones como movimientos ciudadanos o partidos políticos con miras a ejercer una participación más decisiva en la política salvadoreña.

Proyectos como el Partido Independiente Salvadoreño (PAIS), liderado por Roy García, comienzan a atraer las luces del escenario político salvadoreño, y no dudamos que muy pronto se convertirá en un actor importante en la política interna. Otros movimientos muy parecidos están verificándose tanto en los Estados Unidos como en otros países receptores de la diáspora.

La clave

Sin embargo, para llegar a convertirse en un factor decisivo en la política interna, la diáspora necesita afrontar un desafío aún mayor: unirse alrededor de un mismo proyecto político, manteniendo cada organización su propia identidad y proyección política.

Hablamos de la unidad de líderes de opinión, comunidades organizadas, movimientos ciudadanos, agrupaciones políticas y compatriotas con influencia política, social y económica en los países receptores, esto con el fin de unificar recursos y esfuerzos para alcanzar el objetivo común de acabar con la dictadura y salvar la República. Unidad en la variedad, ¡esa es la clave!

Lógicamente, como en todo proceso de unidad, habrá que ser selectivos y acoger solo a aquellos salvadoreños y organizaciones cuyos líderes hayan demostrado, con hechos, que comparten el mismo objetivo. La política de “chinche y telepate” no fortalece sino que debilita.

Una vez el poder de la diáspora se haya unificado, les resultará más fácil y conveniente establecer alianzas con la oposición política interna, a fin de formar un amplio frente cívico-político que tendrá la fuerza y legitimidad suficiente para recibir el respaldo electoral de la población.

Solo a partir de entonces podrá configurarse un proyecto de nación en donde el diálogo reemplace a la exclusión, el derecho a disentir sustituya a la censura y los desacuerdos políticos se resuelvan por medio del debate de ideas y no con persecuciones ni ultrajes públicos.

Solo entonces podremos impulsar leyes que les reconozcan a nuestros hermanos de la diáspora el derecho a votar para elegir diputados y alcaldes, postularse como candidatos a cargos de elección popular y crear una institucionalidad que vele por sus legítimos intereses, tanto a nivel interno como externo.

El desafío es grande, pero no imposible de superar. Comencemos ya.

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Opinión

29 años. El deseo de vivir en paz y con dignidad en El Salvador

El 16 de enero de 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz entre el gobierno de El Salvador y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Fue un hecho que marcó la historia del país, además de ser la realización de los deseos de paz de la sociedad salvadoreña.

Exclusiva Digital

Publicado

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Celebración de los 29 años de la firma de los Acuerdos de Paz en la plaza Gerardo Barrios, frente a la Catedral Metropolitana de San Salvador.

Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano / VaticanNews

“Eran las dos de la tarde del 16 de enero de 1992. La alegría desbordaba todos los rincones del país, recuerda Gerardo Torres. En la plaza Gerardo Barrios, en el centro de San Salvador, miles de personas se daban cita para festejar la llegada de la paz, después de una violenta guerra civil que costó la vida a más de 75 mil personas y de décadas de represión por parte de los militares. Algo nuevo nació ese día”.

Construir un país radicalmente distinto

El padre Andreu Oliva S.J., rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas(UCA) de San Salvador, con ocasión de esta celebración, afirmó:

El pasado 16 de enero se conmemoraron 29 años de la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno del Salvador y la entonces guerrilla del FMLN en el castillo de Chapultepec en la Ciudad de México. Aquel evento fue un hecho histórico sin precedentes, largamente esperado por muchos y que puso fin a la Guerra Civil del Salvador y abrió la posibilidad de construir un país radicalmente distinto.

Respeto a los derechos humanos. Construir la democracia

Los Acuerdos de Paz sin duda, afirma Andreu Oliva, pusieron fin a una guerra fratricida que había durado más de 12 años. Pusieron fin también a la represión de los cuerpos de seguridad que habían sido entrenados para ello y que actuaban sin ningún respeto a la vida humana ni a los Derechos Humanos. Además, permitieron también que el ejército tomará el papel que les corresponde: salvaguardar el territorio nacional de posibles ataques extranjeros y dejar de intervenir en la vida política del país. Permitieron la creación de una nueva Policía Nacional Civil que de manera democrática pudiera asegurar el orden en el país y proteger la vida de los salvadoreños y salvadoreñas.

Orígenes de la violencia

El padre Oliva recordó las causas que originaron el conflicto armado: despojo de tierras a los campesinos y a los pueblos originarios para convertir al país en un productor de azúcar, café y algodón. Esto generó la proletarización de la población rural, sometida por los latifundistas a la pobreza, la explotación y el hambre. Las fuerzas armadas, en este contexto, cumplieron el papel de garantes del sistema económico con mecanismos como la represión y la violación de los derechos humanos ante cualquier expresión de descontento o de petición de justicia.

Es en este contexto en el que surgen varios grupos armados, que luego se unieron en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que buscaban revertir la dinámica de la represión e injusticia, dando paso a una sociedad más equitativa y democrática.

Los Acuerdos de Paz permitieron iniciar la construcción de una sociedad democrática, con instituciones que hicieran posible la convivencia pacífica y el respeto de las obligaciones y derechos de todos los ciudadanos. Desde 1992, ha habido elecciones, alternancia de partidos políticos y la búsqueda del fortalecimiento de las instituciones. Los salvadoreños pueden expresar más sus ideas. Sin embargo, hay muchos temas pendientes de ser resueltos.

Lo que los Acuerdos de Paz no lograron

El rector de la UCA afirma que “lamentablemente los acuerdos de paz, no lograron que las mayorías de este país tuvieran mejores oportunidades”. Añadió que “no se logró un nivel de equidad de oportunidades para toda la población, no se logró tampoco una sociedad cohesionada y en la que todas las personas tuvieran los mismos derechos sobre todo no se logró la vigencia de los derechos económicos, sociales, culturales para toda la población”, por eso, subrayó, “El Salvador todavía tiene enormes diferencias”.

En declaraciones a un medio local, el Cardenal Gregorio Rosa Chávez subrayó que “Estamos en una nueva guerra, sin armas, pero estamos confrontados, no estamos reconciliados, no estamos en un mundo de justicia, no tenemos tolerancia y paz, hay que lograr que eso sea posible”.

El padre Andreu Oliva insistió en que los motivos que dieron origen al conflicto armado no han sido resueltos, la desigualdad entre los más pocos más ricos y las mayorías empobrecidas, es uno de los temas urgentes que hay que enfrentar como sociedad y afirmó: “estos aspectos son una deuda que los acuerdos de paz han dejado en el país O mejor dicho que los gestores de los acuerdos de paz no han logrado para el país y es importante que al mirar hacia delante Si queremos lograr un país mejor debemos trabajar de forma conjunta para una mayor igualdad para un mayor desarrollo humano y más equitativo para que toda la población tenga acceso a las mismas oportunidades y goce de los mismos derechos”.

Álvaro de Soto, mediador en los Acuerdos de Paz, declaró en un conversatorio organizado por la UCA y un canal de televisión local: “Quisiera poner énfasis en la necesidad de tener muy presente cómo era El Salvador antes de los Acuerdos de Paz y cómo es hoy, y lo que costó conseguirlos”.

Esperanzas

29 años después, la pandemia del Covid-19 ha agravado las condiciones de pobreza en que viven miles de salvadoreños; otros muchos han perdido definitivamente sus empleos y la migración, un fenómeno presente desde hace décadas, continúa estando en el horizonte como solución posible a todas estas realidades. El pasado fin de semana, mientras se celebraba el 29 aniversario de los Acuerdos, la primera caravana de migrantes hondureños de este año, formada por entre seis mil y nueve mil personas, con hambre y sin empleo, intentaba cruzar Guatemala. Militares y policías guatemaltecos les impidieron, con violencia, el paso.

Ver publicación original en Vatican News.

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